Vida en Cristo
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La sanidad del alma no siempre es instantánea; muchas veces es un proceso guiado por el Espíritu Santo. Dios no tiene prisa, pero sí un propósito perfecto.
Muchas heridas afectan nuestra identidad. Nos vemos como rechazados, insuficientes o sin valor. Pero en Cristo somos hechos nuevos.
Las heridas del alma suelen alimentar pensamientos incorrectos sobre Dios, sobre los demás y sobre nosotros mismos. La sanidad incluye renovar nuestra mente con la verdad de la Palabra.
El perdón no justifica el daño recibido, pero sí libera el corazón del veneno del rencor. Muchas veces la sanidad del alma se detiene porque nos aferramos al dolor.
Dios nos invita a entregarle todo aquello que nos duele. Cuando soltamos el control y confiamos en Él, el Espíritu Santo comienza a sanar lo que por años estuvo quebrado.