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Vida en Cristo

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Al congregarnos, recibimos enseñanza de la Palabra, adoramos juntos, somos fortalecidos en la fe y aprendemos a amar y servir a otros. Alejarse de la congregación debilita la vida espiritual y nos expone al aislamiento.

Recibir la salvación implica reconocer a Jesús como Señor y Salvador, arrepentirse sinceramente del pecado y confiar plenamente en Su obra redentora en la cruz. Es un acto de fe que transforma el corazón y da inicio a una nueva vida en Cristo.

La Escritura presenta la infidelidad conyugal como uno de los motivos por los cuales el divorcio es permitido, aunque no promovido. Incluso en este caso, el perdón y la restauración siguen siendo el deseo principal de Dios.

Un cristiano puede tatuarse y seguir siendo salvo, porque la salvación es por gracia y no por obras externas. Sin embargo, el creyente maduro está llamado a vivir con discernimiento espiritual, buscando siempre agradar a Dios en cada decisión.

Todos enfrentamos tentaciones, pruebas y dificultades a lo largo de nuestra vida cristiana. Estas experiencias no son ajenas al creyente; sin embargo, la pregunta esencial es: ¿cómo podemos vencerlas y permanecer firmes en la fe?

En primer lugar, debemos comprender que no caminamos en nuestras propias fuerzas, sino sostenidos por la gracia de Dios. La Escritura nos recuerda que es Su gracia la que nos capacita para resistir y perseverar