La sanidad del alma no siempre es instantánea; muchas veces es un proceso guiado por el Espíritu Santo. Dios no tiene prisa, pero sí un propósito perfecto.
“El que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.”
Filipenses 1:6
Dios sigue obrando aun cuando no lo percibimos. Cada paso de obediencia, oración y confianza nos acerca a una restauración completa.