La verdadera fortaleza del hombre cristiano no proviene de sus propias fuerzas, sino de su relación con Dios. La oración, la lectura de la Palabra y la obediencia diaria fortalecen el espíritu y renuevan el carácter.
“Esforzaos todos vosotros los que esperáis en Jehová, y tome aliento vuestro corazón.”
Salmos 31:24
Un hombre que busca a Dios es un hombre que aprende a amar, perdonar, liderar y servir.