Muchas personas sonríen por fuera, pero llevan heridas profundas en el alma. Dios no es indiferente a ese dolor oculto; Él lo ve, lo conoce y se acerca con compasión.
La Biblia dice:
“Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu.”
Salmos 34:18
El primer paso para sanar es reconocer el dolor y llevarlo delante de Dios sin máscaras. Él no rechaza un corazón herido, sino que lo abraza y comienza Su obra de restauración.
Sanar el alma empieza cuando entendemos que no estamos solos y que nuestro sufrimiento no es invisible para Dios.