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Fortaleza que nace de la comunión con Dios

La verdadera fortaleza del hombre cristiano no proviene de sus propias fuerzas, sino de su relación con Dios. La oración, la lectura de la Palabra y la obediencia diaria fortalecen el espíritu y renuevan el carácter.

“Esforzaos todos vosotros los que esperáis en Jehová, y tome aliento vuestro corazón.”
Salmos 31:24

Un hombre que busca a Dios es un hombre que aprende a amar, perdonar, liderar y servir.

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Al congregarnos, recibimos enseñanza de la Palabra, adoramos juntos, somos fortalecidos en la fe y aprendemos a amar y servir a otros. Alejarse de la congregación debilita la vida espiritual y nos expone al aislamiento.

Recibir la salvación implica reconocer a Jesús como Señor y Salvador, arrepentirse sinceramente del pecado y confiar plenamente en Su obra redentora en la cruz. Es un acto de fe que transforma el corazón y da inicio a una nueva vida en Cristo.

La Escritura presenta la infidelidad conyugal como uno de los motivos por los cuales el divorcio es permitido, aunque no promovido. Incluso en este caso, el perdón y la restauración siguen siendo el deseo principal de Dios.

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