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Reconocer y Entregar las Heridas

Las heridas del alma no sanan negándolas, sino trayéndolas a la luz. El resentimiento, el abandono, la culpa o el miedo pueden convertirse en cargas pesadas si no las entregamos a Dios.

“Echa sobre Jehová tu carga, y Él te sustentará.”
Salmos 55:22

Dios nos invita a entregarle todo aquello que nos duele. Cuando soltamos el control y confiamos en Él, el Espíritu Santo comienza a sanar lo que por años estuvo quebrado.

Reconocer la herida no es debilidad; es el inicio de la sanidad.

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